Pues dejando eso a un lado voy a contar una cosa que ha ocurrido en mi casa esta última semana.

Les hablo de..... El misterio de la garrafa de agua. (...muy misterioso sé que no suena...)
Pero dejen que les cuente la historia, porque tal vez no sea una de Agatha Christie pero al nivel de El club de la medianoche seguro que llega.
Resulta que en mi casa se bebe agua embotellada, porque la del grifo no es de mucha calidad, antes de salir por la llave solía ser salada y estar en el mar, así que imagínense.
Esta historia se remonta a la semana pasada, un día como otro cualquiera en el que hacía las mismas cosas de siempre, incluido ir a la cocina antes de salir para la biblioteca a rellenar la botella de agua (0.5L) con la garrafa (5L) para no morir deshidratada por el calentamiento de las neuronas. Pero ese día (tachánnn) gasté la garrafa rellenando la botella, hasta aquí todo normal, normal también que no fuera a la despensa a buscar otra garrafa.
Pero ese día la chica que viene a limpiar a mi casa venía. Sí, hay una chica que viene a limpiar dos veces en semana, a la que vamos a llamar Aída, por eso de empatizar con alguien ya conocido.
Pues a Aída le tocaba ese día, y aún no había llegado cuando yo me fui. A mi vuelta para comer, me percaté de una cosa (tachánnn) había una botellón nuevo, Aída lo había sacado de la despensa (bien por ella!).
Pero había otra cosa que había llamado mi atención (tachánnn), a esa garrafa recién estrenada le faltaba ya 1/4 de líquido. Si la botella es de 5 litros estamos hablando de un litro y un poco más. Me quedé medio extrañada y durante el almuerzo pregunté discretamente (Aída seguía en algún lugar de la casa) a mi familia por su ingesta de líquido ese día, ninguno había tomado agua desde su llegada, mi instinto me decía que aquí estaba pasando algo extraño...
Y empecé con las conjeturas; Aída beberá agua pero es mucha cantidad para cuatro horas, ¿que hace con esa agua? y también hice memoria; recordé que durante las semanas que mis padres estuvieron de viaje, casi 3, compramos dos garrafas y la víspera de su llegada casí no quedaba agua. Esto es extraño porque ni mi hermano ni yo somos de beber mucho, no seguimos la recomendación de los 2L al día y precisamente por eso dice la tele que estamos llenos de toxinas en nuestro interior pero somos felices a pesar de ello.
En aquel momento ese bajón de agua también me llamó la atención, debo tener algun gen de detective incrustado en el ADN, pero no le presté la mayor atención.
Hoy también ha venido Aída, y han ocurrido los mismos acontecimientos, aunque en esta ocasión la garrafa la gastó mi padre por la noche y él sí sacó la nueva de la despensa, si es que todo es ponerse.
Por esa razón hoy ha sido mi padre el que durante el almuerzo ha señalado el agua y ha dicho: la puse nueva anoche, y todos nos hemos quedado mirando la garrafa en silencio durante varios segundos mientras la pantalla se fundía en negro.
CONTINUARÁ
(siempre que encontremos la causa del litro y medio perdido)





